Mujeres Extraordinarias

Mujeres y Salud

Post Page Advertisement [Top]

Pareja

Los besos que nos negamos

Soy una fanática del cine. Muy a mi pesar reconozco que en materia sentimental, ese arte ha provisto de una pésima educación a varias generaciones: al ver en pantalla una mínima caricia entre amantes o el intercambio de miradas tiernas, suponemos en automático que for-zo-sa-men-te le deberá seguir un coito, ¿a poco no?

La culpa no es toda de los cineastas ni de los guionistas o los actores en solitario. Ellos traducen en pantalla una aceptación cultural que lleva demasiado tiempo estática y que ya huele a rancio. Se trata de una visión que sólo contempla la mirada estereotipada de un sexo, el masculino. Eso lo saben bien las lectoras que han escrito muy interesantes opiniones sobre la importancia de las caricias en la vida erótica de toda mujer.

Seguramente muchas de ustedes han visto alguna vieja película en la que una pareja se mira con ojos de borrego a medio morir. Al acercar tímidamente sus labios apretados, sobre ese beso más acartonado que político priísta el visor se cierra en un circulito negro. A la siguiente escena, la pareja o se está casando o arrulla a su primer hijo.

Les confieso que esa imagen me inquietaba muchísimo cuando niña, sobre todo porque ya Rafa Puga –un año mayor que yo– me había tronado un beso casi casi en la boca. ¡Imagínense mi susto! ¿Y si me obligaban a casarme con él porque quedaba embarazada y tenía un hijo luego de ese beso? ¿Ya no podría terminar la primaria y tendría que vivir en casa de su mamá, la señora Rosa? Desde entonces aprendí que las caricias sólo eran un puente para llegar a otra cosa, otra cosa tan oscura que ni mi madre ni mis tías ni mis hermanas mayores mencionaban. Así de feo estaría el panorama.

Por eso, cuando me casé y tuve “permiso” de todos los poderes terr enos y ultraterr enos para acariciar y ser acariciada, al principio no extrañé que sólo fueran un simple trámite para llegar a un coito rápido como un suspiro. Claro que tonta no era, y pronto pregunté: “¿Esto es todo?”. Sólo recibí la mirada dura y molesta de mi esposo inquiriendo: “¿qué más querías?”.
Vaya, ¿para eso me había estado guardando ? ¿Por eso había rechazado a Rafa y a los siguientes diez que quisieron besarme por gusto y para darme gusto, pero sin estar casados conmigo? Francamente qué pifia.

Tuve que pasar por un marido (hoy ex) y varios novios posteriores para enterarme de cómo iba la cosa realmente. Mientras que las mujeres podemos saborear el placer erótico a lo largo de horas, muchísimos varones se sienten tremendamente amenazados por el tiempo. Para ellos el erotismo dura lo que una erección, la suya. “El tiempo es oro”, pareciera ser su divisa, y en ese afán han inventado una manera de normar la actividad amatoria: rápida y estrecha de miras. Seguramente fue un hombre quien armó el dicho “A lo que te truje, Chencha”. Es decir, hagámoslo a mi modo, tú flojita y cooperando.

Hoy, afortunadamente, las mujeres reclamamos otro trato, una nuev a man era de establecer intimidad que no sólo se resuelva en una rápida penetración, sino que involucre la expresión de sus sentimientos y emociones. Sin duda, las parejas ganadoras serán aquellas que aprendan a dialogar fuera y dentro del lecho, que abran bien las orejas y el corazón para escuchar lo que queremos decirles.

Los otros, los que toman a ofensa que una les diga: “las cosas no son como tú mandas, sino como los dos queremos”... esos se irán quedando cada vez más solos en sus miedos, en su incapacidad para imaginar nuevas rutas que los lleven a sentir sus cuerpos de modo relajado, distendido, celebrando con sus parejas la maravilla del amor.

Muchas cosas hermosas podrían suceder detrás de esos miles, millones de besos que las parejas se siguen dando en las pantallas de cine, porque no se trata sólo de ayuntamiento de cuerpos. En realidad, lo que ocurre después marca la diferencia entre el celo animal y la sexualidad humana, ajena a temporadas o pulsiones irrefrenables de tomar, de horadar, de poseer, de conquistar y, satisfecho el impulso, de abandonar.

Yo estoy convencida de que aún no se ha rodado una película que muestre el verdadero erotismo femenino. Ojalá alguna joven cineasta se atreviera a develar lo que tantos varones de pelo en pecho se niegan a aceptar pues les haría corresponsables del placer mutuo. Al tiempo.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Bottom Ad [Post Page]

| Patrocinado por: Cheap Car Insurance Quotes Online