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Pareja

¿Todo termina con la palabra FIN?

Verónica Esparza es estudiante de periodismo y asidua lectora de BBC Mundo. Poco tiempo atrás participó en un concurso de blogs del Espacio del lector.

Si bien en esa ocasión su propuesta no resultó seleccionada, los temas que Verónica nos planteaba para discutir en su bitácora nos parecieron muy apropiados a modo de reflexión en conmemoración del día de la mujer.
Lo invitamos a leer lo que Verónica piensa sobre el amor, las telenovelas, los príncipes azules, las muñecas Barbie y tantas otras cosas con las que las mujeres debemos lidiar desde chiquitas.

No conozco ninguna mujer que no crea en el amor.

A pesar de que en algún momento pueda estar dolida por una relación que terminó y de la que salió poco beneficiada, en el fondo está preguntándose cuándo será el día en que su suerte cambie; cuándo será la hora en que encuentre el amor eterno con el que soñó en la niñez, ese amor que vio casi a diario en las novelas y las películas de Disney.

Y desde ya me disculpo con ustedes, señores escritores y creativos de cine y televisión, pero es que fíjense: ¿qué niña latinoamericana no se ha sentado junto a su mamá algún mediodía a ver una novela mexicana, colombiana o venezolana?
Esas, donde la protagonista sufre lo indecible durante toda la trama, queda paralítica, el novio la acusa de infiel, la meten presa y le roban a un hijo, pero en el desenlace se casa con el amor de su vida, se besan y aparece la palabra "fin" en la pantalla.
Lo curioso es que nosotras, siendo niñas, vemos eso como un sueño dorado, aprendemos que para amar hay que sufrir primero y, nuestras queridas madres ven la novela deseando que realmente su vida hubiera sido así, que algún día la ficción se materializara y tomara las riendas de su matrimonio.

Pero vayamos un poco más allá... Cenicienta, La Bella Durmiente, La Sirenita y La Bella y La Bestia. ¿Qué le enseñan estas películas a todas las niñas? Que el amor lo puede todo, si lo sientes, eres capaz de cambiar el universo, respirar bajo el mar, besar a alguien y despertar de un horrible sueño.

Una galaxia "reducida"

También me doy cuenta de que a los niños les regalan carros, superhéroes con capas y rayos láser, juegos de construcción para que creen un imperio de edificaciones y ¿a nosotras qué? la Barbie con todos sus accesorios, desde la cocinita hasta los zarcillos con los que conquistará a Ken; nos regalan bebés queridos que lloran, hay que cambiarles los pañales y darles el tetero...
Entonces vuelvo a caer en la inevitable reflexión de que desde niñas nos están destinando a una galaxia disminuida de cuatro paredes que forman una casa y si eres afortunada y te regalaron la Barbie ejecutiva, aprendes que debes ser un estilo de Mujer Maravilla.

No quiero bajo ningún concepto sonar como una feminista implacable con el mundo, de hecho, si llegué a esas conclusiones es porque siempre creí en los príncipes y en los finales felices y confieso desear, que algún día parte de esa ficción desplegada en caricaturas toque de alguna manera mi existencia.

Ser mujer es maravilloso

Tal vez yo no me puse a filosofar acerca de hijos y esposo porque no tengo ninguno de los dos y mi experiencia se basa en ciertas anécdotas -unas más agradables que otras- y en la observación directa de mis allegadas tías, madre y amigas.
Las veo todos los santos días estudiar, trabajar, buscar a los niños en el colegio, hacer la cena, ir a la peluquería, revisar las tareas; asistir a un gimnasio porque no puede estar más gorda que las demás, saber las noticias más importantes del mundo, sin contar con tener una lista mental, de todos los precios de los productos del supermercado y de las tiendas para comprar a mejores costos.
No sólo eso, sino conocer a la perfección a cada uno de sus hijos y a sus maridos, complacerlos a todos antes de pensar en ella misma, visitar a la mamá y a la suegra, recordar de memoria todos los cumpleaños y todavía recibir quejas por parte de todos, de que se le pasó por alto algún detalle como buscar la ropa en la tintorería.

Señoras y señores, ser mujer es maravilloso, pero muchas veces se vuelve contra nosotras mismas porque deseamos ser todo a la vez, porque queremos proteger, consentir y ser esa Barbie idealizada que sabe cocinar, planchar y trabajar; esa que tiene una cintura de avispa y que siempre está bella para pasear en el convertible de su novio... No es malo en lo absoluto, simplemente quería darles una respuesta más a las inexplicables actitudes de una citadina "Mujer Maravilla".

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